Por Leyre Millán

 

Suena el himno. Faltando unos minutos para que el reloj marcase las 21.00 horas daba comienzo el partido de la selección española en el que se disputaban las eliminatorias europeas del Mundial de Catar de 2022, España-Kosovo y se reavivaba la polémica. Los comentaristas del partido se referían al himno del “territorio” o “equipo kosovar”, no al himno de una nación.

España es uno de los cinco países de la Unión Europea, junto a Grecia, Rumanía, Eslovaquia y Chipre, que siguen sin reconocer la existencia de Kosovo como Estado desde que declaró unilateralmente su independencia de Serbia el 17 de febrero de 2008, nueve años después del final de la guerra con Belgrado (1998-1999) y que paradójicamente, quiere volverse a unir en la Unión Europea. La declaración unilateral de independencia de un Estado presenta cuestiones políticas y jurídicas que hay que analizar, más si cabe en este caso, para poder entender por qué la independencia de Kosovo goza de un reconocimiento parcial a nivel internacional. Empecemos por el principio.

Históricamente la compleja situación en la región de los Balcanes ha supuesto una gran inestabilidad en el sistema internacional, objeto de enfrentamientos de diversos pueblos por cuestiones culturales, étnicas, pero fundamentalmente religiosas. Terminada la Primera Guerra Mundial, las potencias vencedoras impusieron a serbios, montenegrinos, croatas, albanos y eslovenos que fuesen unificados bajo Yugoslavia, sin el debido acuerdo entre los integrantes sobre cómo había de organizarse el país, lo que llevó a una inestabilidad crónica que desencadenaría en conflictos internos como la guerra de Croacia en 1991, la de Bosnia en 1992 y, finalmente, la guerra de Kosovo en 1998.

En este contexto, la falta de una acción eficaz de la Unión Europea para resolver un conflicto latente que implicaba graves violaciones de los Derechos Humanos, determinó un protectorado internacional administrado por la ONU y vigilado por la OTAN. Así, desde el 10 de junio de 1999, el régimen legal internacional en Kosovo se rige por la Resolución 1244, adoptada por el Consejo de Seguridad bajo el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas.

Tras la declaración unilateral de independencia en 2008, la Corte Internacional de Justicia el 22 de julio de 2010 se pronunció, de forma no vinculante, señalando que la declaración de independencia de Kosovo no violaba el derecho internacional y planteó el secesionismo como único remedio a la grave crisis humanitaria producida contra la población albanesa. Se configuró así, como una situación excepcional y “sui generis” sin guardar paralelismo alguno con otros movimientos secesionistas dando a la Unión Europea libertad a sus Estados miembros para reconocer o no la República de Kosovo.

No obstante, hubo magistrados discrepantes del Tribunal que incidieron en que este hecho suponía la violación del principio de integridad territorial, y en que los principios de respeto a la soberanía y a la integridad territorial de los Estados suponía que, “el principio de integridad territorial del Estado también se refleja en la Declaración sobre los Principios del Derecho Internacional relativos a las Relaciones Amistosas y la Cooperación entre Estados de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, según la cual cualquier intento de ruptura total o parcial de la unidad nacional y la integridad territorial de un Estado, un país, o su independencia política es incompatible con los principios y propósitos de la Carta (Resolución 2625 (XXV) de 24 de Octubre de 1970)”

Pese a que el caso de Kosovo ha servido de inspiración a otros territorios que ansiaban un reconocimiento como nación, cualquier intento de secesión en territorios no coloniales, distintos de los justificados por violaciones graves de los derechos humanos, están bajo la jurisdicción del derecho interno, y constituir una nueva soberanía desde la ruptura unilateral supondría quebrantar el derecho constitucional.

Noventa minutos después de escuchar el himno y dada la trascendencia jurídico política que suscitaba el partido, el marcador era lo de menos.

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